
El pasado jueves queríamos ir al Zoo. El día se presentó lluvioso y cambiamos de idea. Hicimos una
visita al Aquàrium de Barcelona. Para empezar nos encontramos con una cola de unas 50 personas pero no fue grave pues había fluidez en las taquillas. 16€ por cabeza (Víctor gratis, menos mal) que se quedan en 14,40€ pagando con la tarjeta del RACC. Casi 30€ que no rentabiliza ni Jacques Cousteau. Al ir con Víctor siempre llevamos un "kit supervivencia" con ropa de repuesto y algún alimento que pudimos dejar en unas taquillas a las que no puedes acceder al acabar la visita pues si sigues el orden establecido vas a parar a la tienda (hay que hacer negocio) y tienes que pedir permiso para entrar de nuevo. Decía lo de Cousteau pues por mucho que alargues la visita, debes ser un verdadero amante de los pececillos para conseguir estar más de una hora en el recinto. Además, en un afán recaudatorio sin límites, no controlan ningún tipo de aforo y están todas las peceras atiborradas de gente y casi no puedes ver nada. Suerte que los más pequeños (foto) pasan de la valla que hay delante de los acuarios y los pueden ver de cerca. Va a pasar mucho tiempo para que volvamos a invertir en semejante despropósito. Las comparaciones con
el Oceanogràfic son inevitables (23.30 € pagados bien a gusto).